Y para asegurar que el barco pueda volver a navegar sin filtraciones, hubo que proteger el casco de elementos dañinos, como la broma o las algas. Para ello se siguieron procedimientos artesanales cubriéndolo de capas de alquitrán, sebo, aceites y mezclas de azufre y grasa:
Con el casco en perfectas condiciones, llegó la hora de colocar el lastre que permitirá al barco navegar sin volcar y sin grandes zarandeos. La pieza de lastre llegó desde la conocida ArclecklorMittal en un transporte especial del que hubo que descargarla con carretillas elevadoras y, por supuesto, con mucho cuidado:
Una vez dentro del casco, la colocación tuvo que ser muy precisa para asegurar el perfecto equilibrio del buque, por lo que la participación de todo el equipo y la supervisión de la ingeniera fueron fundamentales:
Y con una labor tan exigente completada, ¿por qué no darle un poco de humor al más puro estilo newyorker?
¿Qué os ha parecido esta primera entrada? Estad atent@s porque en las próximas entradas os iré contando más avances...














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