Aunque nosotros nos lo planteamos de otra forma (en la siguiente entrada descubriréis cuáles fueron los auténticos motivos para escoger este destino...), Turín se puede conocer bien en un finde. Eso sí, tened en cuenta que es una ciudad plana, así que haréis un buen montón de kilómetros sin daros cuenta.
Recomendamos empezar por el Palacio Madama. Ignorar la fachada barroca de Filippo Juvarra e id a la parte trasera, para ver el Castillo de Ludovico (principios del siglo XV)...
...y entrad a su caótico museo interior, porque al menos así podréis contemplar las dos torres que flanqueaban la Porta Decumana de Augusta Taurinorum (sí, por supuesto, Turín fue colonia de legionarios veteranos):
Desde allí arriba también se ve la catedral. Como podéis ver, es tan insulsa y poco atractiva que pasé corriendo por delante...
...para llegar rápido a la Porta Romana (Cardo), que es de lo poco que queda en pie de esa época. ¡Con lo bonita qué es!
Un edificio emblemático de la ciudad es la Mole Antonelliana, construido en 1889 y que, con 167 metros de altura, en su momento fue el edificio más alto de Europa hecho totalmente en mampostería (aunque hacen trampa, ya que lo "alto" es la cúpula, y no el edificio en sí):
En el interior se puede subir a su impresionante ascensor "aéreo" y disfrutar del desordenado almacén Museo del Cine:
No quisiéramos daros envidia hablando de lo bien que comimos estos días, pero os aconsejamos fijaros bien en las calles del barrio universitario: además de magníficas trattorias, tienen auténticas obras de arte, hechas con chatarra, en sus fachadas:
Y ya que mencionamos la comida... ¡Era la Feria del Chocolate! Turín es uno de los centros chocolateros más importantes de Europa, no en vano aquí se inventó la gianduia, de la que nos volvimos muy bien surtidos al hotel:
Muy aconsejable también es visitar la Galleria Subalpina, que conecta la Piazza Castello con la Piazza Carlo Alberto:
Para otro día, sobre todo si hace tan buen tiempo, resulta visita casi obligada el Parco del Valentino, con sus farolas enamoradas, su borgo medievale (museo etnográfico al aire libre)...
...y su Castello (reconstruido en 1660) y que hoy es la Escuela de Arquitectura (¡no es mal sitio para ir a clase!):
Por contra, desaconsejo encarecidamente subir hasta la Basílica de Superga, diseñada por el ya mencionado Filippo Juvarra, como panteón de la dinastía Saboya. Claro, Juvarra había estado por Madrid diseñando el Palacio Real y, ya de paso, se acercó al Escorial a estudiar cómo iba eso de las criptas. En cualquier caso, debería haber desconfiado de un edificio ensalzado por mi antigua profesora de barroco... La visita tuvo que ser obligatoriamente guiada y aburridísima, ¡y encima hacía un frío siberiano! ¡Horror!
Pero aún quedan los "platos principales" de este viaje: ¡los museos! ¿Queréis saber cuáles y por qué? ¡Pues atent@s a las actualizaciones del blog!












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