Tal como prometimos, hoy hablaremos del homenaje gastronómico que nos dimos en Helsinki; una cena que reunía lo mejor de la gastronomía finesa.
Para empezar, ¡probamos la carne de oso pardo! A ver, quizá esto requiera una explicación: en Escandinavia los osos no están ni mucho menos en peligro de extinción, aunque su caza, obviamente, está super controlada y restringida, de ahí los precios que alcanza su carne (¡este cuenquito fueron 20 eurazos!). Nos daba un poco de pena pero también nos pudo la curiosidad: la carne de oso resultó ser mucha más suave y tierna de lo esperado, aunque tampoco fue un sabor que nos cambiara la vida:
Luego vino un plato de entrantes variados, que incluían "básicos" escandinavos como el salmón, el arenque o la trucha ártica (¡más rica y jugosa que la atlántica!), además de otras elaboraciones más locales como la morcilla de reno, el picadillo de reno y la cecina de ciervo. También incluía karjalanpirakka, que es la empanadilla típica de la zona:
El plato principal, riquísimo y totalmente recomendable, fue reno estofado con salsa de frutos rojos. Tranquil@s, no se trataba de Rudolph. ¡Qué luego se nos enfada Santa Clackus! ;)
De postre, más clásico y estandarizado pero no por ello menos rico, helado y tartaleta de arándanos:
Impresionante, ¿verdad? Ya sólo nos quedaba dar un paseo y volver al hotel a dormir, que a la mañana siguiente debíamos coger el ferry para cambiar de país: Tallín, ¡allá vamos!





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