Si hasta ahora todo había ido bien, que me obliguen a levantarme a las 5 de la mañana para sufrir un caos aeroportuario y que el avión no despegue hasta las 11:30, pues no me hace gracia. Pero bueno, llegamos a El Cairo...
Capital del país, con 25 millones de habitantes y un tráfico imposible, la estampa normal para ver sus célebres pirámides es ésta: una magnífica combinación de calima y contaminación. ¿Las fotos que veis por ahí, con un bonito cielo azul? ¡Todo mentira!
Las pirámides, la tipología de tumba faraónica más antigua, ahora están un poco descontextualizadas pero originalmente se completaban con una calzada procesional que las conectaba con el respectivo templo a orillas del Nilo (cuyo cauce ahora ha sido desplazado). En cualquier caso, tener la oportunidad de entrar en una de ellas es una experiencia increíble:
Aunque la de Micerinos mide "sólo" 65 metros de alto, ya es suficiente como para perder la perspectiva y quedar apabullados por sus dimensiones:
Aunque la que ostenta el título de ser la única superviviente de la célebre lista de Siete Maravillas de la Antigüedad es, por derecho propio, la pirámide de Keops, de más de 146 metros de alto. ¡¡¡woooow!!!
¡Ojalá haber podido asistir a un día de su construcción! Con Keops supervisando como sus súbditos pagaban sus impuestos con trabajo duro, mientras esperaban tres meses a que las aguas del Nilo regresaran a su cauce para poder... ¡seguir trabajando, pero en las huertas! Tipos duros, aquellos kekos...
La esfinge no nos causó la misma impresión. Quizá porque no pudimos acercarnos y tuvimos que limitarnos a rodearla desde una bastante alejada pasarela:
El momento del típico "peaje comercial" de todo viaje en grupo fue visitar una tienda de "auténticos" papiros (que ya no crecen a orillas del Nilo, ahora se cultivan en jardínes botánicos, ejem), donde nos hicieron una rapidísima demostración del proceso de elaboración tradicional:
Sobre el restaurante con espectáculo musical no voy a decir nada. Nosotros preferimos disfrutar de los riquísimos pasteles de chocolates de nuestro super hotel, antiguo palacete de un magnate local...
...y desde donde pudimos enviar las postales, con un estupendísimo sello a juego con la temática escogida. Postales que, para mi sorpresa, habida cuenta del caos que reina en el país, llegarían a su destino en un tiempo más que aceptable:
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