Como ya dijimos, el primer día empezamos fuerte y con un programa de lo más completo, porque después de visitar Karnak y Luxor, nos fuimos al Valle de los Reyes.
Se trata de una extensa necrópolis del Imperio Nuevo donde, además de las tumbas auténticas, de tipo mastaba, también se incluían varias falsas para engañar a los saqueadores de tumbas, que ya abundaban por aquel entonces (se ve que la potencial ganancia de tesoros "rentaba" más que el riesgo a recibir maldición de un faraón, jajajaja). Para que os hagáis una idea, mi admirada Hatshepsut mandó hacer 5 mastabas falsas... ¿Y qué es una mastaba y cómo se decoraba? Pues de todo ello, Click recibió una detallada explicación:
La cuestión es que, por motivos de conservación, se van alternando las mastabas visitables. Nosotros entramos en las de Ramsés IV, Ramsés IX y... Ramsés III, cuya maqueta habíamos visto hace poco en el Museo Egipzio de Turín :)
Disfrutamos muchísimo viendo todos los jeroglíficos coloreados, las representaciones de Nut y la bóveda celeste... y pasando ya mucho calor, aunque no eran ni las 11 de la mañana aún.
Tras una brevísima parada en un taller de alabastro que dio un poquito de vergüenza ajena ;), llegamos al complejo funerario de Deir el Bahari, donde está el templo de Hatshepsut, la poderosa faraona (sí, faraona, que no reina) que gobernó sabiamente Egipto durante 22 años, durante los cuales restauró templos, embelleció el país y trajo la prosperidad gracias a la expedición comercial y científica al país de Punt (Somalia), tal como se puede estudiar detalladamente en las paredes de su templo:
De esta novedoso diseño se encargó Semenut, arquitecto real, amigo y tutor de la princesa. Semenut está enterrado en una mastaba mucho más modesta cerca de su divina jefa:
Su sucesor, un envidioso Tutmosis III, se esforzó por eliminar el recuerdo de su madrastra pero Hatshepsut "la sublime" sobrevivió hasta nuestro siglo, para mi gran alegría:
Por increíble que parezca, aún nos quedó tiempo (¡y fuerzas!) para una última parada antes de regresar al barco: los colosos de Memnón, las gigantescas estatuas de Amenofis III que estarían colocadas justo delante de los pilonos de un templo que ya no existe. ¿De dónde viene, entonces, la fama? En el año 27 a.C. (antes del Click), un terremoto agrietó el coloso norte y, el viento, al cruzarla, generaba un sonido que a los turistas griegos que viajaban para conocer las 7 Maravillas del Mundo, les recordaba el lamento de Memnón, muerto a manos de Aquiles ante los muros de Troya.
Cuando el emperador romano Cleckptimio Severo mandó restaurarla, la estatua "perdió la voz".
-Click: eeehhhh, ¿pero esto entra en examen?
+ Clicka: no te preocupes, ya lo hablaremos después de una siestita de las mías
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